Imágenes

Conducía con los rótulos de neón reflejando en el cristal de mi ventana. Era tarde, aunque no demasiado, y estaba oscuro. Algunas personas esperaban al autobús que los llevara a casa. La chica que aguardaba mirando su teléfono, buscando ese mensaje, el match de Tinder que nunca llega, la canción que pusiera banda sonora a sus noches. La noche cerrada, el ruido de los motores solitarios como el mío que buscaban a su alma en la infinidad de la carretera. Conducir como un ejercicio de meditación. Conducir como vía de escape. Me acordé de mí, de esa película en la que Ryan Gosling conducía y le cortaba al gaznate a más de uno. Me imaginé en todas esas persecuciones callejeras que había, primero idealizado y, después, materializado por escrito. La vida es un momento presente, constante y mis manos se encontraban sobre el volante, sintiendo la fuerza, el poder del cambio de marcha, el impulso del acelerador, la adrenalina de una frenada.

Nos dejamos llevar por ideas de otros, aspiraciones que ni siquiera elegimos, cuando todo lo que necesitamos se encuentra delante de nuestros ojos. Conducía mirando al frente y, a veces, a los laterales, obsesionado por transformar cada una de esas emociones en palabras, simples palabras.

Al aparcar, reflexioné sobre esto último. Hay quien escribe para hacernos reflexionar, entretener o compartir la visión de su mundo. Yo escribo para transformar lo que veo en palabras, del mismo modo en el que lo perciben mis ojos. Construir, en una sola frase, mosaicos de imágenes capaces de hacer frente a la tecnología. Tal vez algún día lo logre. Tal vez… no. Mientras tanto, debo seguir intentándolo.

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