Incertidumbre

Siempre me ha atraído el misterio, la incertidumbre de no saber qué hay tras la puerta. El misterio de lo desconocido, de las personas. He tardado años en comprender que mis mecanismos se rigen por la falta de certeza, aunque abundancia de fe en mis actos y la energía que la mueve. No creo en la suerte, ni en las supersticiones, aunque sí en las casualidades y en las oportunidades que generan otros movimientos.

Crecemos en un entorno mermado por la opinión social que, desde pequeños, nos dice que la vida no es fácil, que no hay más camino que el que nos enseñan y que, las excepciones siempre siempre otros, nunca eres tú. Un entorno gobernado por el miedo que educa a dejar las responsabilidades a otros: a los políticos, a los jefes, a los padres… Un entorno en el que todos quieren ganar como el jefe pero nadie quiere tomar su responsabilidad por miedo a fracasar.

En mi caso, siempre que he podido, he navegado a contracorriente, lleno de temores, aprendiendo de los errores, en la búsqueda de mi propio camino. Con 13 años empuñé una guitarra sin saber nada de música y con 17 años creí que me dedicaría a la música para siempre. Con 19 mi sueño se ahogó en el océano y estaba derrumbado.

A los 20 viajé al extranjero y a los 21 comencé a escribir en un blog como este sin saber qué hacer con mi vida.

A los 21 me fui a la otra punta de Europa sin saber inglés (y mucho menos entender), viajé por más países de los que hubiera imaginado jamás (cuando entonces no estaba de moda viajar ni publicarlo en Instagram) y decidí ser escritor de por vida. Ese mismo año, terminé una novela que primero fue rechazada, y después vendió apenas una decena de ejemplares.

A los 22 regresé a España con un idioma nuevo, conseguí un trabajo remunerado tras currar tres meses gratis y terminé una segunda novela que también fue otro fracaso en ventas. Antes de cumplir los 23, renuncié y me fui. Semanas después me encontraba de nuevo en otro país que desconocía, a tres mil kilómetros de casa, sin trabajo y dispuesto a convertirme en un escritor como Hemingway.

Terminé una tercera novela que fue otro fracaso en cuanto a ventas y conseguí un trabajo que me permitiera pagar las facturas. Poco después encontré el amor y me fui a vivir en pareja, disfruté de una parte de la vida que no había experimentado todavía y aprendí un poco más de las relaciones humanas. A los 25 publiqué una novela que tuvo algo de repercusión y una segunda que fue pirateada en las primeras 24 horas, por lo que desapareció de los puestos altos de ventas y perdí todo el esfuerzo que había invertido. Ese mismo año me convertí en el director de la empresa en la que trabajaba y comencé a estudiar otro idioma, el polaco.

A los 26, volví a publicar otros dos libros, siendo constante y aprovechando el poco tiempo libre que tenía entonces y ya me manejaba un poquito más con el idioma local. A los 27 publiqué dos libros más que ganaron algo de trascendencia entre los lectores. Estudié lo básico sobre el funcionamiento del dinero y las inversiones, un mundo totalmente desconocido para mí porque nadie me había explicado en toda mi vida cómo funcionaba. Perdí el miedo a perder el dinero de mi bolsillo y mi relación con éste cambió para siempre. Estudié cómo el mundo digital crecía, mejoré mis técnicas de diseño gráfico y multimedia y vi cientos de minutos de conferencias sobre mercadotecnia y publicidad de empresarios americanos. Al mismo tiempo, vi cómo mi vida personal se derrumbaba como un edificio en ruinas, y con ella, todas mis creencias relacionadas con los pilares de la vida, lo que me había enseñado la sociedad y lo que yo creía que era el camino a seguir para ser una persona realizada.

A los 28 me encuentro, de nuevo, viviendo solo, con cuatro novelas publicadas en lo que llevo de año, una decena de miles libros vendidos en menos de un año y a punto de tomar una de las decisiones más grandes de mi vida (sí, de nuevo), pero eso no significa nada. Sigo siendo el mismo del que hablo a principio de párrafo, con más canas y la barba más cerrada, pero intrigado a la vez que nervioso por la incertidumbre de lo desconocido. El misterio a lo que vendrá después, a de si saldrá bien o no y a cuántas veces tendré que levantarme. Si todo llegará a buen puerto. Pero a la vez, no me importa, porque sé que llegar hasta aquí no ha sido por suerte ni por carambolas de la vida. Ni que tampoco voy a despertar un día y darme cuenta de que mi sitio estaba ahí, en un puesto de trabajo, dejando morir las historias que debería de haber escrito.

Si miro hacia atrás, en cada punto hay dos cosas que puedo reconocer: decisiones (unas buenas y otras no tanto) y acciones que las impulsaron. Con el tiempo, he aprendido a refinar la puntería, a creer más en mí mismo y menos en las opiniones ajenas que aportan cero valor (y más hoy, donde todos creen saber de todo). Cada persona es diferente, con una complexión distinta, un contexto y unas habilidades desarrolladas de diferente modo… Ni peores ni mejores, simplemente, diferentes y únicos.

Entonces, ¿cómo demonios vamos a encajar todas las personas en un mismo patrón? ¿Por qué nadie se lo cuestiona? Y aún así, hay quien se lo cree. No sé si existe un camino por defecto, no para mí y creo que tampoco para nadie.

Soy una persona de carne y hueso, mundana y con una educación como la de mucha gente. No sé cómo era en el pasado ni cómo será en el futuro. Todo lo que necesitaba aprender lo he encontrado en las experiencias que me ha brindado la vida y en internet (en su mayoría, de forma gratuita).

Mi camino todavía no ha empezado. A dos años para los 30, lo mejor está por llegar. Ni siquiera sé cuántos errores cometeré, pero sé cuáles no voy a repetir. Sin embargo, una década es más que suficiente para darme cuenta de que la vida es un largo viaje del que vale la pena disfrutar. Un recorrido en el que todo es posible y donde me he dado cuenta de la importancia de a) ser paciente y tener fe ardiente, b) ser constante, crítico y disciplinado y c) creer en lo que haces y creer que es posible, por encima de todo, sin importar lo que el entorno te diga.

Ah, por cierto… Hoy ha salido publicada mi última novela, Don. Disponible a la venta.

 

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