Privilegiados

Somos privilegiados.

En mi vida, he conocido a demasiadas personas capaces de hacer un drama por algo simple y fácil de solucionar, personas que viven atrapadas en un vórtice de ansiedad y se dejan llevar por la frustración de otros.

Pero tú eres muy positivo, dicen.

Es mi decisión. Podría no serlo.

Todos tenemos problemas. A los 10, a los 15, a los 30, a los 50.

Yo también los tengo. Hay gente que tiene otros, y más graves.

La cuestión es que, al final del día, a nadie más allá de tu familia, le importa lo que te ocurre. Y a veces, ni eso.

Acéptalo cuanto antes, deja de quejarte, empieza a poner solución a tus dramas y vive de una maldita vez.

Y aún así, por mucho que fallemos, somos privilegiados.

Hace unos años leí un artículo en un diario español. La noticia todavía sigue en línea y decía esto:

“La posibilidad de que una persona termine siendo exactamente esa persona y no otra es la misma que la de que dos millones de personas se juntasen para jugar cada uno con un dado con mil billones de caras y que todos sacasen el mismo número, es decir, casi cero. Todo un milagro.”

Todo un milagro. Un jodido milagro. Podrías no estar aquí, ni yo tampoco, pero estamos.

La próxima vez que estés mal, acalla tu mente, reinicia tu sistema y acuérdate eso.

Somos privilegiados.

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