El embudo de la vida

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Quedan apenas unos días para entrar en la nueva década y las palabras salen más apelmazadas de lo habitual. Los excesos de estas fiestas tienen parte de culpa y la mente es incapaz de centrarse en su tarea. No obstante, he decidido dejar algo por escrito para la posteridad. Útil para mí (por si me desvío de mi propósito en el futuro) y para aquella persona que lo encuentre interesante.
Muchos han sido los cambios en estos últimos años. Con echar un vistazo a las viejas entradas del blog, se puede apreciar el cambio de paradigma. Sin embargo, hay un concepto que sigue intacto. Todavía recuerdo aquella fría noche de 2015, leyendo en la parte trasera de un autobús varsoviano, con un palmo de nieve en las aceras y quince grados bajo cero de temperatura. Sólo recuerdo que era viernes, había terminado la jornada laboral y estaba harto de la vida que llevaba. Me había marchado de España tres años antes, dejándolo todo para averiguar cómo convertirme en escritor (vivir de ello, básicamente). Tres años después, seguía en la casilla de salida, sin saber muy bien qué ruta tomar. Aquel día estaba leyendo El Arte de Pedir de Amanda Palmer (he hablado anteriormente de este libro y de la charla que dio en su día en Ted). Aunque no sabía cómo se llamaba por entonces, esa tarde comprendí lo que era el famoso embudo de ventas, un concepto del que se habla mucho, pero que no todos dominan. Aquello cambió mi vida y el resto de la historia la conoce todo el mundo.

Cuatro años después, echo la vista atrás y puedo decir que el embudo de ventas era algo más que un sistema para encontrar a mi audiencia. El embudo se aplica en toda las áreas de nuestra vida, desde la profesional hasta la más íntima. Tener buena presencia, fidelizar relaciones, abrirte sentimentalmente a alguien.

Todos quieren vender, pero nadie quiere sentirse un vendedor. La venta está demonizada como si fuera un engaño, pero nadie compra algo que no quiere (y a todos nos gusta sentirnos queridos, ¿verdad?).

Por eso, hagas lo que hagas, estés en el punto en el que te encuentres, dedica tiempo a tu embudo personal, infórmate, aprende lo que es si todavía no lo conoces y recuerda cuál es tu propósito.