Historias de bar

La vida cambia, como también lo hacemos nosotros, aunque hay lugares que nos gustaría mantener intactos.

Han sido semanas cargadas, intensas y rápidas.

Me acerco al ecuador del año con la conciencia tranquila y un montón de proyectos en el horizonte.

Uno de ellos no lo tenía en mente, pero un giro de los acontecimientos me ha hecho cambiar de opinión. En unas semanas comunicaré la sorpresa.

Maldonado sigue en ganando lectores con su última entrega, haciéndolos disfrutar de su historia, de su entorno y de una forma de vida en la que me identifico en más de una ocasión.

Hace unos días emitimos el último programa de Contraportada, el cual enlazo aquí para que podáis verlo. Me alegra que el podcast entretenga y llegue a más gente. Algo estamos haciendo bien.

Últimamente he estado un poco desconectado, centrado en la escritura, en las lecturas pendientes que tenía almacenadas en mi Kindle y aprovechando las pausas para visitar rincones de la ciudad, disfrutar de un vermú con una ración de gambas a la plancha en buena compañía y celebrar las pequeñas victorias.

Madrid, sus barrios y su rock and roll. Y yo en ellos. Con el paso del tiempo me doy cuenta de que gran parte de las ideas que forman una novela no nacen en la ducha, sino en el interior de los bares. Todos tienen una historia detrás y un montón de anécdotas que se esconden como alacranes bajo las piedras. Es cuestión de preguntar, de tirar del hilo, de empatizar con quien está al otro lado de la barra y sacar tajada de un relato que es carne de libro.

En esta época de desconcierto intermitente (detesto la palabra pandemia), he abandonado la noche, los after hours y muchas de las soporíferas mañanas de domingo, y las he cambiado por las tardes, los mediodías y las mañanas al sol. Pero eso no me ha impedido disfrutar de lo que más me importa.

Esta mañana vuelve a sonar en el salón uno de mis discos favoritos de jazz. No es una casualidad.

El cielo está cubierto, pero alberga en mí la esperanza de que el sol se abra paso y limpie el cielo de nubes. Sé que está ahí, aunque no lo vea, como todo lo que persigo. Mantener la fe, hacer lo debido y no desvariar pensando en lo contrario.

Todo llega en el momento adecuado. Ese es el secreto.