A la sombra se está mejor

Bola De Discoteca Gris Sobre Superficie De Madera Marrón

Sigo ultimando los detalles del próximo libro, una novela que me está sacando los demonios -una vez más- y que verá la luz pronto, muy pronto. Por fin he recuperado la resistencia, la forma física que necesito para que llevar a cabo cada proyecto. A partir de ahora comienza la recta final de una carrera en la que no participo. Hace poco fue el Día del Libro, en unos días comienza el Premio Literario de Amazon -aquí sí que entro- y también la Feria del Libro de Madrid. Me gustan los libros y me gusta ver el Retiro lleno de casetas con libros, con autores firmándolos, con lectores a la espera de que se los firmen. De todos los años que estoy en Madrid, asistí una vez -como lector-, y no volví a repetir. A los que leo ya están muertos o no tienen la oportunidad de firmar allí, así que prefiero pasear un día cualquiera por la Cuesta de Moyano, entre semana, a mediodía, y después cruzar el Retiro hasta Ibiza y terminar la mañana con un par de libros de segunda mano, una cerveza y unos mejillones en escabeche.
Ha cambiado mucho el panorama desde aquella visita en 2019. Nos ha cambiado la vida, ha cambiado la industria y también ha cambiado mi situación personal.

Por entonces, tenía más interés en encontrar mi momento, pero pronto me di cuenta de que ese momento no pagaba las facturas. Después llegó el confinamiento y los meses de retiro me ayudaron a reflexionar. Cuando se trabaja, a la sombra se está mejor. El problema es que hay que trabajar. A lo largo de mi vida, he visto a autores en busca del sol -como yo, en su momento-, para alzar el vuelo, y también cómo sus alas se derretían como las del pobre Ícaro. Tenemos el vicio de asociar la fama al dinero, pero no siempre va relacionada. Si has de esforzarte, es mejor hacerlo por los frutos del trabajo. La fama es efímera, pero intensa, y te puede ayudar a ciertas cosas, pero la mayoría de personas no sabe cómo gestionarla. A follar, a ganarse el pan y a hacer amigos, debe aprender uno solo. En lo personal, no me imagino cenando en un lugar, observado por las cámaras de los teléfonos, por los comentarios de las otras mesas. He escuchado esa clase de comentarios hacia otras personas -famosas, claro- cuando han entrado en el campo de visión, y nunca han sido en relación a su carrera. Me pongo en una tesitura hipotética y me entran ganas de mandarlos al carajo.

Por supuesto, cada cual es libre de decidir el destino de su carrera y de asumir las consecuencias, si piensa que es lo mejor para su futuro, aunque el remedio a los errores suele acabar en una búsqueda interminable de culpables. Con los años, he elaborado mis propios términos y me cuesta llegar a un acuerdo con quien intenta imponerme los suyos con una oferta nada razonable.

Tal vez sea el momento de sentarnos todos a hablar, de cambiar el color de la conversación, o tal vez no. Cada día que pasa, noto que los caminos se separan, como también las visiones. El negocio de la música, del arte, de la hostelería, de la televisión, de los contenidos audiovisuales… todo ha cambiado -y cambiará-, y también lo ha hecho el de los libros. Hoy, el creador tiene más poder, si sabe cómo gestionarlo. Quizá sea un atrevido por pensar así, pero es cuestión de tiempo que se rompa la cadena de favores y que el cine, las productoras de contenido, los creadores que ganan millones en plataformas como Youtube, vayan directos al origen de la historia, en lugar de pasar por una mesa redonda en la que todos cogen su trozo de tarta. Porque las historias siguen siendo necesarias y alguien tiene que contarlas. Estoy tan convencido de esto último -y creo firmemente en mí porque, de lo contrario, nadie lo hará, como cantaba Ozzy-, que nada me preocupa. No tengo una bola de cristal, tan sólo veo lo que sucede en mi entorno, en otros países. Por eso es mejor estar a la sombra, si vas a trabajar duro mientras el mundo se derrite al sol.