Escenarios

Me levanto y preparo café. Es pronto, aunque no demasiado. Sin darme cuenta, diciembre ha llegado y con él, un frío soportable a estas alturas. Tuesto pan y rallo tomate para mezclarlo con un poco de aceite. Miro atrás, a esa sombra imaginaria que se ha alargado. Han cambiado las cosas en estos últimos años. Sin quererlo, he comenzado un nuevo periodo. A veces, somos conscientes de ello. Otras, estamos tan ocupados que el tiempo pasa y, cuando nos damos cuenta, nos han salido canas.

Leo artículos escritos hace unos años. Cambia el contexto, el escenario, los principios siguen siendo los mismos, pero veo a mi versión antigua en la distancia. Algunos lo llaman madurar, yo prefiero pensar que es parte del ciclo de la vida. Hay quien cree conocer a la persona que tiene al lado como si fuera una masa uniforme insensible a los años. Después llegan las decepciones. Todos cambiamos, el paso del tiempo es inevitable.

Estas semanas que llegan son especiales para mucha gente. La gente vibra de otro modo, las familias se reúnen y los amigos que viven lejos hacen por volver. Un buen momento para pulsar el botón de pausa y dejar a un lado los prejuicios, observar lo que somos hoy, y no lo que fuimos. En ocasiones, vivimos con la rabia acumulada que busca callar a todas esas voces que estaban equivocadas, cuando las únicas que deben ser silenciadas son las de nuestros pensamientos, las voces de la inseguridad.

Son jornadas estupendas para hablar con otros, en persona y no por un chat. Días para leer más libros, con calma, dejándonos llevar sin pensar en el tiempo. Momentos para retomar ese contacto perdido, preguntar con sinceridad y dejar el ‘yo’ a un lado, ese pronombre que tanto nos gusta nombrar. Enamorarse de lo cotidiano, una vez más. Hacer de nuestra existencia algo placentero.

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