Lo que no te contaron de los escritores

La vida del escritor desconocido, primera parte, y escribo primera, porque este es un tema que daría para segundas, terceras y hasta cuartas partes. Escribir se ha convertido para mí en un arte, por seguir haciéndolo, y en un oficio; el cual no tiene más beneficio que la satisfacción y el viaje de la mente.

Hoy en día, más hoy que nunca, estamos absorbidos por “eso” llamado Google, que nos da respuestas a todas nuestras preguntas (y procedemos a creérnoslas). En mi caso, como escribo, busco historias sobre escritores: de éxito, de motivación; consejos, estrategias, estilos. O mejor dicho, buscaba. Porque ya no me interesa. Sí. Tal vez, me interesen otras cosas.

Abundan los escritores, las historias y los bites de información. Hoy, más que nunca, resulta imposible leer todo lo que hay ahí fuera, sin mencionar al papel. Por eso, la gente debe leer lo que le dé la real gana, porque, incluso con tanta información, muchos prefieren ver la televisión. Pero hoy no venía a hablar de esto sino de otra cosa. Del oficio sin beneficio de escribir. Del escritor, llamémoslo “independiente” (eso de llamar indie me recuerda mucho a la época en la que Los Planetas iban al FIB  y Sepultura al Dr. Music Festival, y ser un melodramático estaba bien visto), el que antes se buscaba las castañas tocando puertas y hoy lo hace tocando los huevos por internet. Sin medias tintas. No me voy a quedar fuera del tiesto, pues yo también he pecado durante estos años, desde que empecé a publicar por mi cuenta cuando estaba en Riga y comencé un camino sin rumbo, dando palos de ciego en sendas direcciones, sin un plan, eso, un plan.

Como yo, la historia se repite en todos aquellos que empiezan y han leído algún que otro consejo, un libro sobre cómo atraer seguidores o copian lo que hacen otros. En fin, aquí todos queremos escribir un libro y llenarnos los bolsillos (lo del árbol y el hijo, para otros, ¿verdad?). Tened piedad con ellos, lectores.
Los años han hecho que me baje la histamina y me vuelva más cerrado, conservador con mis propios actos (y más cauto, creo). Las listas de correo salvaron mi vida.
Pero, ¿qué hay de la figura del escritor?
Precisamente de esto, quería yo hablar en este texto.

Nunca lo he mencionado, pero el nombre de este blog hacía homenaje a varias cosas: a esos escritores que durante años han escrito para otros. También a Ewan McGregor y David Rojo, ex-cuñado de Ana Rosa Quintana. Pero principalmente, al escritor que no existe, al que no vemos, ya sea yo, como parte del todo, y todos los compañeros que escriben.
El escritor constante que vive en su mundo, a pesar de las frustraciones, la falta de ingresos y un sueño que no emerge del todo. Se critica mucho pero se empatiza más bien poco.

A pesar de los pesares, me sigo considerando una persona que navega por el fondo, poco a poco, llevando una vida normal. Trabajo en algo que paga mis facturas, aprovecho (y también desperdicio) el poco tiempo que tengo en escribir y trato de llevar una vida simple, soñando, trabajando para que el revés sea fruto de la causa y no de lo casual.

Para escribir, hay que leer (sí, lo dicen los famosos) y también escribir, ser constante, crítico, y no parar de escribir. Hay quien vive de la escritura, pero tampoco os fiéis de los que están en los TOPs de Amazon porque no significa nada. Hay quien no aparece y se están llenando los bolsillos. Amazon no es el fin del mundo, de verdad.
Cuando iba a la universidad, escribía mi primera novela (Sangre de Pepperoni, descárgala, de verdad, es gratis y te va a gustar) y aireaba mi aura literaria por donde iba. Era un beatnik, un sucio surrealista, un enamorado de la pose, de los libros que iba descubriendo, de mí mismo, y de las chicas con las que me relacionaba. Pasaron los años, me llevé ese aura por Europa que poco a poco se fue apagando; lo tuve más fácil en cuanto a publicación, y di el salto como Hemingway.

Sin embargo, todo el romanticismo se perdió por una simple causa: Amazon ha hecho creer en el éxito rápido a los escritores como X Factor hizo a los artistas. Y vimos que había de todo. Así de simple. Empecé a preocuparme más en el programa de telerrealidad que era mi vida que en escribir. Por suerte, un par de bofetadas emocionales a tiempo me pusieron en el lugar.

Los tiempos han cambiado. No soy el mismo, nada es igual que entonces (y me viene a la mente la famosa fotografía de Oscar Wilde, pensativo, que todos cuelgan cuando tienen que citar algo de él).
Los medios se quejan, las editoriales pierden dinero, las novelas salen por debajo de las piedras, la red está infestada, huele a frustración y yo me doy cuenta de algo, que es uno de los factores por los que no está funcionando mi juego, el tuyo, el de todos, bueno, el de todos no, hay algunos que lo hacen muy bien.

En esta época de exhibicionismo en la que reina la imagen, la proyección ilusoria, donde la realidad virtual será pronto el presente: la figura del juntaletras ha dejado de ser sexy.

Así es. Sexy. Tanto él como ella. Algunos todavía lo hacen y bien. Por supuesto que ser sexy no sirve de nada si no hay una historia buena detrás, pero… ¿dónde quedaron esas imágenes de James Dean, Marylin Monroe, Johnny Depp o Winona Ryder leyendo? Eran actores, salvando la lectura (posiblemente bien pagados por algún grupo editorial), porque la lectura ya era de por sí un tema denso.

De eso, no queda nada, además de un Instagram de tíos guapos leyendo en el metro y un tumblr de chicas guapas leyendo libros.

He aquí el secreto, la piedra filosofal de Potter. Las tres pruebas de Monkey Island: escribir muchos libros y buenos, ser sexy y tener presencia. Recordar a los lectores de que somos personas responsables de hablar con los diosas, tomar ideas de ese mundo platónico y divulgarlas con el resto. Somos chamanes de la imaginación, personas opacas con cierto misterio y no comerciales sudorosos que tocan las puertas de sus casas, nerviosos por hacer una venta, convenciéndote de que contratar esa línea ADSL con teléfono fijo, es lo mejor que puedes hacer, una jodida ganga. Venga, por Dios.

Si todos los hombres y mujeres de este planeta deben trabajar el amor propio, los escritores y los lectores, todavía más. Escribir ES SEXY. Leer es SEXY. NOSOTROS SOMOS SEXY. La literatura es el viejo-nuevo ROCK AND ROLL. Compatible con el gimnasio, con correr, con las recetas de cocina, los ‘cupcakes’, el veganismo, las películas de los 90, los teléfonos de concha, los batidos de proteínas, las lecciones de ‘fitness’, la superación personal y los discos de vinilo.

Foto de Kerouac sacado de nadaimporta.com

Maldita sea, es tan barato (incluso gratis), tan fácil y somos tan afortunados por escribir y leer, que me duele en el alma que todavía prefiramos jugar al Candy Crush.

Lee. Escribe. Repite conmigo.

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