Miedo a estar solos

Hace varios días que me observo en la soledad. Sé que es una idea complicada de entender, pero así es. Me observo. Estoy solo, preparo un bocadillo, veo un vídeo de Youtube y me siento en el sofá. Leo. Tomo nota de lo que hago y cómo lo hago. También se llama introspección, aunque yo analizo también la forma.

Es algo que ya contemplo desde hace tiempo, aunque actualmente más. La gente tiene miedo a estar sola. Tenemos miedo a estar solos. Mejor dicho, a pasar tiempo en soledad, con nosotros mismos. Bueno, yo, no. Yo tengo miedo a otras cosas, pero no a estar solo. Dando un repaso, pocos son los que viven en soledad como ermitaños. Que vivir solos no significa no relacionarse con nadie. Son dos conceptos muy diferentes. Me considero social, me gusta la gente, pero también me encanta pasar tiempo solo, en contacto con mi propio yo. Escribir, leer, escuchar música o simplemente estar en silencio matando a mi ego. Es algo que a muchos aterra y a unos pocos nos satisface. Unos se aburren y trabajan, limpian la casa, hacen compras, miran el teléfono, consumen pornografía, comen o se montan películas propias de Hollywood. Siempre hay una excusa absurda. El miedo lo tenemos a nosotros mismos, nuestro peor enemigo, a encontrarnos con la maldita verdad y preguntarnos qué cojones hacemos y cómo hemos llegado hasta ahí. A decirnos que somos un fracaso por X y por Z y que no nos creemos la mitad de lo que decimos, que somos unos impostores y que lo que realmente queremos está en otro lugar que no sabemos, porque nos aterra pensarlo y no tener una respuesta. Miedo a que nos estalle la cabeza como una puta sandía contra el suelo y no seamos capaces de recoger las sobras. Yo he estado ahí y le planté cara a mi yo. La mente lo sabe y nos sabotea, mermándonos con otras cosas que hacer o consumir. Ese es el miedo. Si a ti también te gusta disfrutar de tu tiempo personal, no pasa nada, porque algo sabes. Tiempo libre no significa estar con alguien por obligación. Estar en soledad no es una rareza sino algo positivo, pero nos avergüenza decir que nos vamos solos de vacaciones o que nos gusta viajar solos (nos aterra más pensarlo).

Con la nueva tecnología y las nuevas dimensiones virtuales, no veo más que a gente interactuando virtualmente con otras, cuando estoy en el metro, en el bus, en la calle. Quizá buscando una respuesta, quizá no, pero como idiotas, parados en la acera sonriendo a la maldita pantalla. Si en lugar de un amigo, los de Whatsapp nos colaran a un robot, nos daría igual. Queremos hablar, reír y tener un poco de retroalimentación. Y la respuesta no la tiene nuestro colega, ni nuestra familia. Son puntos de vista basados en la experiencia, en el conocimiento, pero tu vida es tuya y a tu corazón sólo lo escuchas tú.

Antes era un gran aficionado a la tecnología y sus avances. Hoy mi querida se enfada porque no me gusta hablar por teléfono, y no sólo ella. Mi problema es que me gusta vivir el momento en el que estoy y no teletransportarme virtualmente a otro espacio tiempo. A eso aprendí en la escuela primaria. Me gusta mirar por la ventana y plantarme a dónde voy. No pensar en nada, rascarme la pierna. Lo que no me gusta es ir del punto A al punto B sin saber qué ha pasado, como en las peores borracheras.

Mi amigo Adam vivía solo y escuché que no tenía nada en su apartamento además de una nevera y cajas de cerveza. Adam me dijo el año pasado en la playa que estaba bebiendo cerveza a diario, él sólo. Ahora vive con su novia.

Adam era de lo más normal. Conozco otros casos que siempre están entrando y saliendo de relaciones, sin pausas, sin reflexión. Sus necesidades no son otras que las de sentirse acompañados.

Las redes sociales reflejan los cacareos de muchos de nosotros. Estupideces incapaces de gritar al silencio, a la pared. La cuestión es compartir, estar en contacto con algo. A diferencia que en la vida, siempre podemos borrarlo si nos arrepentimos, y por eso somos tan valientes tras la pantalla.

Entiendo que no es algo nuevo, pero esto es como lo represento hoy en mi cabeza.

Poco a poco he querido, como experimento, eliminar distracciones. Compartir esta idea ha sido un ejercicio de reflexión. No quería compartirlo en un principio, pero al reflexionar sobre ello largo y tendido, he llegado a la conclusión que podría conectar con alguien, ni física ni virtualmente. Como una nota en la nevera, hacer sentir a esa persona más fuerte, que no acompañada. Estar solo es tan fácil como no estarlo. Simplemente hay que conectar con otros física y no virtualmente. Veo a gente que ponen más interés en follar en Tinder que en un pub. Pues vayámonos acostumbrando porque un día nos tocará abandonar este mundo y nos iremos solos, completamente solos, y no habrá aplicación que nos salve.

A veces pienso si el miedo deberíamos tenerlo a no poder estar solos.

¿Y tú? ¿Tienes miedo a estar en soledad?

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